UNA MUJER SABIA Y ASTUTA

“Una astuta mujer de la ciudad les gritó: ¡Escúchenme! ¡Escúchenme! Díganle a Joab que venga acá para que yo pueda hablar con él…… (Joab respondió) Yo no he venido a eso, sino a capturar a un hombre llamado Sabá hijo de Bicrí. Es de la sierra de Efraín y se ha sublevado contra el rey David. Si me entregan a ese hombre, me retiro de la ciudad. Muy bien respondió la mujer Desde la muralla arrojaremos su cabeza. Y fue tal la astucia con que la mujer habló con todo el pueblo, que le cortaron la cabeza a Sabá hijo de Bicrí y se la arrojaron a Joab. Entonces Joab hizo tocar la trompeta, y todos los soldados se retiraron de la ciudad y regresaron a sus casas. Joab, por su parte, volvió a Jerusalén para ver al rey.” 2 Samuel 20:16, 21-22 NVI

Señor por favor despierta, levanta, alerta, y sacude a todas esas mujeres que tienen un llamado, la valentía, el poder, habilidades físicas y espirituales para pelear por su ciudad y por su gente, porque hoy más que nunca el enemigo está asechando contra nosotros, contra nuestros hijos, contra nuestras generaciones, contra nuestro matrimonio y contra nuestro llamado. ¡Hay tanto soldado caído señor! Despiértalas para que seamos más los que nos unimos a mantener la paz; y que tu amor no pare nunca de bendecirnos y de cuidarnos de nuestros enemigos.

Levanta a más intercesores que peleen con nosotros por la bendición para tus hijos. ¡Tú Señor nos necesitas hoy más que nunca para que nuestra nación tenga esa voz profética, de mujeres que no se intimidan con nada y pelean cómo está mujer tan astuta, que sin tener idea de lo que es la guerra o matar a alguien, entregó a los guerreros la cabeza de su enemigo ¡wooo!

Joab hubiera acabado con esta ciudad si no hubiera habido una mujer sabia como esta, que se atrevió a desafiar y usar su sabiduría para que el pueblo justo no pereciera, su sabiduría hizo que pagara solamente el culpable, lo entregó ya muerto y ningún inocente murió. ¡Óigalo bien! por mano de una mujer que se atrevió a hablar y sacar su voz.

Mientras Dios me tenga aquí en esta tierra pelearé por lo que es justo, y defenderé a los más indefensos, hablaré siempre por los que no pueden o no se atreven a hablar; porque allí está mi bendición, la de mis generaciones futuras, y por ende el bien de mi ciudad. ¡Tengo poder, tengo autoridad, tengo una voz profética, tengo influencia con Dios y tú también!

Tiempo para meditar:

  • ¿Qué te ha querido robar el enemigo?
  • ¿Te has mantenido alerta e intercediendo en contra de los planes del enemigo?
  • ¿Sientes carga por el sufrimiento de los indefensos? ¿Qué crees que puedes hacer a favor de ellos con lo que Dios ha depositado en ti?
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