Servir a Dios con amor aun en medio del dolor

Cuando alguien se siente débil, ¿no comparto yo su debilidad? Y cuando a alguien se le hace tropezar, ¿no ardo yo de indignación?
2 Corintios 11:29

Como pastora, hoy comparto desde un lugar muy real y muy humano. Yo disfruto lo que hago porque amo a Dios, amo a la gente y amo servir. Al enseñar sobre el duelo, decidí abrir mi corazón y mostrar mi vulnerabilidad, porque quiero que sepan que no camino por encima del dolor, camino a través de él. Yo también sufro, lloro, enfrento pérdidas y momentos difíciles. La diferencia es que, aun en medio de todo eso, permanezco firme en la asignación que Dios me dio. No me rindo, no dejo de amar, no dejo de creer ni de servir, porque mi esperanza está puesta en Él.

  • Amar a Dios y a la gente nos sostiene en los tiempos difíciles
    El amor es la fuerza que nos mantiene de pie cuando el dolor llega. Amar a Dios nos da dirección, y amar a las personas nos recuerda por qué seguimos adelante aun cuando cuesta.
  • La vulnerabilidad no es debilidad, es verdad
    Abrir el corazón y reconocer el dolor no nos hace menos fuertes. Al contrario, nos conecta, nos humaniza y nos permite ministrar a otros desde la compasión y la experiencia real.
  • La fidelidad se demuestra en medio de la prueba
    Ser fiel no significa no sufrir, significa no abandonar el llamado. Permanecer firmes, sin renunciar ni culpar, es una evidencia de una fe madura y confiada en Dios.
  • El ejemplo del apóstol Pablo nos enseña perseverancia
    Pablo vivió cárceles, golpes, peligros y fatigas, pero nunca soltó su asignación. Su vida nos recuerda que servir a Cristo tiene costo, pero también tiene recompensa eterna.
  • La esperanza bienaventurada nos impulsa a seguir
    Sabemos que esta vida no es el final. Nuestra esperanza está en Dios y en Sus promesas eternas. Esa certeza nos da fuerzas para continuar, aun después de las tormentas.

Conclusión
Todos pasamos por tormentas, pero fiel es Dios. La perseverancia, la fidelidad y el amor a Dios producen fruto eterno. Sigamos adelante como iglesia, sin rendirnos, sin apagar nuestro amor, sabiendo que servimos a un Dios que ve, que sostiene y que recompensa a los que permanecen fieles.

Cuando alguien se siente débil, ¿no comparto yo su debilidad? Y cuando a alguien se le hace tropezar, ¿no ardo yo de indignación?
2 Corintios 11:29

Tiempo para meditar:

  1. ¿Cómo estoy respondiendo al dolor o a las pérdidas que he enfrentado recientemente?
  2. ¿He permitido que la prueba me aleje del llamado o la he usado para crecer en fidelidad?
  3. ¿De qué manera puedo seguir sirviendo, amando y creyendo aun en medio de mis propias batallas?