¿POR QUÉ LLORAS?

 

“El llanto me consume los ojos; siento una profunda agonía. Estoy con el ánimo por los suelos porque mi pueblo ha sido destruido. Niños e infantes desfallecen por las calles de la ciudad”.

Lamentaciones 2:11NVI

 

El sentir de los hijos en el día de hoy es muy devastador. Creo que, si alguien está sufriendo es la iglesia del Señor por la necesidad de congregarse, por el hecho de no poder juntarnos como asamblea a clamar por esta nación.

Nos ha tocado hacerlo en el distanciamiento, apartados, separados, alejados; y eso ha traído una sensibilidad, una gran tristeza, llanto y preocupación a su pueblo, un sentimiento de melancolía, de sensibilidad en lo espiritual porque ya se prolongó el tiempo, y por eso están sensitivos, les está haciendo falta venir a descansar en Dios, está haciendo falta el juntarse. Son esas relaciones que estamos extrañando, la falta de estar cerca de nuestros hermanos porque Dios nos hizo seres relacionales, y eso es lo bello de la iglesia, que nos ayuda a estar juntos y podemos orar los unos por los otros, ya que somos una gran familia,y cuando vemos todo lo que está sucediendo alrededor del mundo estoy segura de que hay un sentimiento de llanto y tristeza en el pueblo de Dios.

¡Señores estamos viviendo los últimos tiempos! ¡El Señor está cerca, y esto no debe de ser motivo de tristeza, sino de alegría para nosotros sus hijos, porque dejaremos de sufrir en verdad!

Lo que nos toca hacer hoy más que nunca es orar por los que están sufriendo, pedirle a Dios que haya un cambio y una transformación en esta nación, orar para que la gente se vuelva a Dios; porque estamos viviendo tiempos muy difíciles y también a nosotros nos afecta, pero no nos va a tumbar porque Dios está con nosotros.

Es un hecho que el profeta Jeremías no solo profetizó para ese tiempo, sino para el de hoy también; esto es triste, pero así está la nación en este momento, grandes residencias de millones consumidas por el fuego, la gente huyendo de sus casas, otros huyendo de las torrenciales lluvias, carros de lujo y casas tragadas por las tormentas, ciudades inundándose, gente muriendo y sufriendo por el virus, y los números de infectados y muertes siguen subiendo.

La gente anda descontrolada emocionalmente quitándose la vida en medio de la desesperación, otros haciendo manifestaciones, otros poniendo demandas, otros enviando gente a la cárcel, los políticos peleándose y humillándose el uno al otro, y la lista pudiera seguir.

Pero la esperanza es que hoy más que nunca Dios nos necesita para llevar las buenas nuevas. Y aunque la gente solo quiere los beneficios y no a Dios, recuerden que nuestro deber es hablarle a nuestra familia y a nuestros amigos de su salvación.

Si no quieren será como en los días de Noé, él cumplió con su parte y aunque nadie quiso meterse al arca para salvarse, al menos Noé y su familia se salvaron.

Continuemos perseverando, haciendo el bien, oremos por nuestra ciudad, por nuestra casa, por nuestra iglesia, por nuestra nación, y pidamos que Dios tenga misericordia.

 

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”.Juan 14:27

Tiempo para meditar:

  • ¿Cómo te has sentido al respecto de no poder congregarnos como antes?
  • ¿Le has hablado a otros de Jesús en estos tiempos?
  • ¿Estás orando más?
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