NUESTRAS PROMESAS QUE AGRADAN A DIOS
“Quiero triunfar en el camino de perfección: ¿cuándo me visitarás? Quiero conducirme en mi propia casa con integridad de corazón. No me pondré como meta nada en que haya perversidad. Las acciones de gente desleal las aborrezco; no tendrán nada que ver conmigo.” Salmo 101:2-3 NVI
En otras palabras, yo:
- Quiero cada día hacer lo que es bueno y hacerlo bien, que mi Padre se agrade que lo hago como para Él con todo mi corazón.
- Quiero cada día conducirme prudentemente en mi casa con mi familia biológica, y en mi casa Águilas CFC con mis hermanos en la fe.
- Quiero cada día ser íntegra con Dios y con las personas, porque ante Dios, esto desata grandes recompensas.
- Quiero proponerme no permitir nunca a la perversidad que haga nido dentro de mí, que no tenga ningún espacio en mi alma, en mi corazón ni en mi vida.
- Quiero estar consiente cada día de mis promesas a Dios, escribirlas en la tabla de mi corazón, recordármelas y memorizármelas cada día.
- He prometido a Dios que no quiero hacer lo que odio, quiero vencer el mal con el bien, y quiero vivir lo que predico; porque de esa manera, el enemigo no tiene derecho legal sobre mí, y es la manera en que Dios me puede bendecir sin medida.
Tiempo para meditar:
¿Qué promesas le has hecho a Dios?
¿Has cumplido tus promesas a Dios?
¿Qué valores rigen tu vida?
¿Están tus metas alineadas a la voluntad de Dios?