EL PRECIO DEL ORGULLO
La ciudad de Edom por su orgullo y su arrogancia se hicieron torres amurallas de piedra y las edificaron en lo alto de la montaña y por eso se creían invencibles, que nadie les podía hacer nada, nadie los podía tocar, ni sacar; era su fortaleza, y tenían el poder para destruir a quien ellos quisieran, pero ese orgullo lo vio Dios y eso provocó su ruina.
En la actualidad vemos lo mismo: El lugar donde vivimos y las diferentes naciones se han levantado una torre para ellos diciendo “de aquí no nos derriba nadie”, está es nuestra ciudad.
Y el pueblo es el que sufre, por el orgullo de los que tienen el poder para destruir a otros. En las instituciones vemos gente que está en el poder, en lugares de influencia y sin la experiencia, ocupando un puesto que no pueden llenar; pero por su orgullo no dejan que otros lo ocupen.
Estos destronan a otros inocentes que pueden hacer una diferencia en su lugar, para la iglesia, para su empresa, para su vecindario; pero por el orgullo, los celos y el gran costal de inseguridades que traen acarreando, no lo dejan.
En la iglesia del Señor alrededor del mundo también pasa esto, lo he visto con mis propios ojos, cómo se hacen daño unos a otros actuando injustamente; y todo por el gran orgullo.
Pero hay un juicio de parte de Dios, Él tarde que temprano hace justicia a las injusticias provocadas por el ser humano hacia otros inocentes.
Oración: Señor, no queremos ser como los de Edom. No queremos que nos ataques con tu furor, ni a mí, ni a mi familia. No queremos ser injustos por la arrogancia, no queremos hacer nuestra casa de piedra y pensar que allí nadie nos puede dañar, no queremos aislarnos porque esa no es tu voluntad, no queremos estar lejos de las personas pues las pusiste a nuestro alrededor para que todos juntos pudiéramos hacer grandes cosas en la tierra; pero no en una montaña, no en una casa de piedra, no dañando a otros por estar bien yo, ¡No!
Quiero ser humilde, no quiero pensar que soy intocable, porque ese día que piense así perderé mi más grande tesoro en el cielo, y mi identidad en la tierra. y lo que le sigue, derrota, infelicidad, vergüenza, frustración y pérdidas.
Eres tú el que gobierna Señor. No permitas que tus hijos seamos como los de Edom, si no como esos dos que fueron a explorar la tierra, Josué y Caleb, que siempre estaban dispuestos, siempre cerca, positivos, alineados al servicio de los demás, y trayendo fruto.
Tiempo para meditar:
- ¿Sueles meterte en una fortaleza de piedra para aislarte de los demás?
- ¿Has actuado con arrogancia y hecho injusticias?
- ¿Te has hecho una muralla de piedra a tu alrededor?