Cuando lo que veo no define mi realidad

Miren los pájaros.
No plantan, ni cosechan, ni guardan comida en graneros, porque el Padre celestial los alimenta.
¿Y no son ustedes para Él mucho más valiosos que ellos?
¿Acaso con todas sus preocupaciones pueden añadir un solo momento a su vida?

Mateo 6:26–27

Como pastora, he aprendido que la vida que verdaderamente agrada a Dios no se vive por lo que vemos, sino por fe. Cada día decido creer que hoy será un buen día y que mañana también lo será, porque fuimos creados para vivir un día a la vez. Nuestro anhelo natural es vivir en paz, con contentamiento y seguridad, pero esa paz no se sostiene en las circunstancias, sino en Aquel que nos creó, nos dio vida y planeó que nuestros días fueran vividos confiando plenamente en Él como el autor de nuestra historia.

  • La fe nos permite vivir un día a la vez
    Dios no nos llama a cargar el peso del mañana. Cuando vivimos por fe, aprendemos a confiarle a Dios el presente y a descansar sabiendo que Él ya está en nuestro futuro.
  • La confianza en Dios cambia la perspectiva de los problemas
    Cuando nuestra seguridad, esperanza y fe están puestas en Dios, los problemas no desaparecen, pero dejan de gobernar nuestro corazón. Con Él a nuestro lado, todo se vuelve soportable.
  • Nuestro valor está asegurado en el corazón del Padre
    Jesús nos recuerda que valemos mucho más que las aves del cielo. Si Dios cuida de ellas, cuánto más cuidará de nosotros. Esta verdad trae descanso al alma y silencio a la ansiedad.
  • La preocupación no añade vida, la fe sí añade paz
    Preocuparnos no cambia la realidad, pero confiar en Dios transforma cómo enfrentamos esa realidad. La fe nos llena de fortaleza, ánimo y estabilidad emocional y espiritual.
  • Dios permanece fiel aun en medio del dolor
    No estamos exentos de sufrir, perder o llorar, pero Dios camina con quienes le creen, le honran y le esperan. Su presencia es nuestra mayor garantía en tiempos de crisis.

Conclusión
Cuando lo que veo no coincide con lo que creo, decido creerle a Dios. Aunque el mundo esté en caos, puedo estar en paz porque mi confianza no está en las circunstancias, sino en las promesas de un Dios fiel. Vivir por fe es elegir descanso, esperanza y seguridad cada día, aun cuando la realidad visible intente decir lo contrario.

Miren los pájaros.
No plantan, ni cosechan, ni guardan comida en graneros, porque el Padre celestial los alimenta.
¿Y no son ustedes para Él mucho más valiosos que ellos?
¿Acaso con todas sus preocupaciones pueden añadir un solo momento a su vida?

Mateo 6:26–27

Tiempo para meditar:

  1. ¿Qué situación actual me está haciendo mirar más a la circunstancia que a las promesas de Dios?
  2. ¿Cómo puedo practicar vivir un día a la vez confiando más plenamente en Dios?
  3. ¿Qué preocupaciones necesito entregar hoy para recuperar la paz que Dios me ofrece?