El Dios que se revela en el tiempo de la preparación

Un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, entre las llamas de una zarza que ardía. Moisés se quedó maravillado de esa visión y se acercó para observar bien. Entonces oyó la voz del Señor, que le decía: “Yo soy el Dios de tus padres. Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.” Moisés temblaba de miedo y no se atrevía a mirar.
Hechos 7:30–32 (RVC)

Como pastora, al meditar en la vida de Moisés puedo ver con claridad cómo Dios obra en los procesos largos y silenciosos. Moisés nació para algo grande, fue preservado en medio de una matanza, creció como príncipe en un palacio que no era suyo y luego pasó años en el anonimato cuidando ovejas. Él sabía de Dios, había oído hablar de Él, pero aún no lo conocía de manera personal. Fue en el desierto, lejos del ruido y del poder humano, donde Dios decidió revelarse, hablarle y darle una asignación que cambiaría la historia de un pueblo entero.

  • Dios usa los procesos largos para formarnos
    Los cuarenta años en el palacio y los cuarenta años en el desierto no fueron pérdida de tiempo. Dios estaba formando el carácter de Moisés, quitando la autosuficiencia y preparando su corazón para liderar con justicia y humildad.
  • El celo sin dirección no cumple el propósito de Dios
    Cuando Moisés mató al egipcio actuó desde el enojo, no desde la autoridad de Dios. Si hubiera sido enviado en ese momento, habría fracasado. Aprendemos que la pasión necesita ser refinada por Dios para no causar daño.
  • Conocer de Dios no es lo mismo que conocer a Dios
    Moisés sabía quién era Dios por tradición, pero no había escuchado Su voz. Fue hasta el encuentro con la zarza ardiente que Dios se le reveló de manera personal. El llamado nace del encuentro, no solo del conocimiento.
  • Dios llama cuando Él decide, no cuando nosotros creemos estar listos
    El llamado llegó cuando Moisés estaba pastoreando ovejas, no buscando protagonismo. Dios se revela en Su tiempo perfecto y cuando llama, también capacita, empodera y afirma con Su presencia.
  • El llamado de Dios siempre está conectado con la gente
    La asignación de Moisés no era para engrandecerse a sí mismo, sino para liberar a un pueblo oprimido. Servir, liderar y trabajar con personas no es fácil, pero es el corazón del llamado de Dios.

Conclusión
Dios sigue revelándose a hombres y mujeres dispuestos a decirle que sí. Hoy más que nunca necesitamos recibir, honrar y caminar junto a los que Dios está levantando para esta temporada. Juntos, generaciones nuevas y experimentadas, podemos cumplir la misión, traer luz en medio de la oscuridad y preparar a la iglesia para lo que Dios quiere hacer. Todo es por Dios, para Dios y por la gente, porque Su venida está cerca y hay urgencia en Su llamado.

Un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, entre las llamas de una zarza que ardía. Moisés se quedó maravillado de esa visión y se acercó para observar bien. Entonces oyó la voz del Señor, que le decía: “Yo soy el Dios de tus padres. Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.” Moisés temblaba de miedo y no se atrevía a mirar.
Hechos 7:30–32 (RVC)

Tiempo para meditar:

  1. ¿En qué etapa de preparación me encuentro hoy y qué quiere Dios formar en mi carácter?
  2. ¿Estoy conociendo solo de Dios o estoy cultivando una relación personal donde escucho Su voz?
  3. ¿Cómo puedo decirle “sí” a Dios en esta temporada para servir mejor a las personas que Él ama?