¿A QUIÉN HAS CULPADO TÚ?

¿A quién has culpado tú? ¿A Dios, Adán, Eva, la serpiente?

Adán culpó a Eva: Él respondió: La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí.”Génesis3:12NVI

•Eva culpó a la serpiente:“Entonces Dios el Señor le preguntó a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? La serpiente me engañó, y comí contestó ella.”Génesis3:13NVI

Cuando estés en un momento difícil y Dios se te aparezca, deja de hablar mal culpando a otros por tus desgracias o errores, porque puedes perder mucho más.

La serpiente no tuvo a quién culpar. Dios el Señor dijo entonces a la serpiente: «Por causa de lo que has hecho, ¡maldita serás entre todos los animales, tanto domésticos como salvajes! Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida.”Génesis3:14NVI

•Dios le dio su merecido a la serpiente. La maldición cayó sobre la serpiente, pero Adán y Eva no se libraron por su desobediencia, tuvieron que pagar un precio muy caro, fueron destronados, sacados del Edén por el mismo Dios a un mundo totalmente duro para ellos a comenzar su vida de otra manera.

Por eso, es importante reconocer nuestros errores siempre, porque es mejor aceptar nuestras debilidades que culpar a otros. Mucho más en este caso en el que Adán y Eva ya sabían que ese árbol no había que tocarlo. Ellos dos fueron tentados y desobedecieron.

Cuando te pregunten de algún error que cometiste, no culpes a otros. Porque si eres de los que siempre culpan a otros te estás perdiendo de muchas cosas. Porque para Dios es mejor un corazón arrepentido que un corazón quejumbroso.

En el estanque de Siloé había mucha gente con todo tipo de enfermedades, pero la bendición ese día era para este hombre que casi la perdía por quejumbroso, les echó la culpa a los demás del porqué no había entrado al estanque.

 Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.»S. Juan5:7RVR1960 

Creo que es mejor callar cuando somos confrontados por algo delante de Dios o cuando se nos presenta una oportunidad como la de este hombre en el estanque con Jesús, porque es más fácil obtener su perdón y bendición que ponerse a hablar culpando a otros.
Cuidemos nuestras palabras y hagámonos responsables de nuestros errores.

Tiempo para meditar:

¿Te es fácil o difícil reconocer tus errores?
¿Sueles culpar a otros por tus fallas?
¿Has perdido algo por no reconocer tu responsabilidad ante algún error?