“No se alejen de él por seguir a ídolos inútiles, que no los pueden ayudar ni rescatar, pues no sirven para nada.” (1 Samuel 12:21 NVI).
En el pasaje anterior, el pueblo de Dios estaba siendo confrontado. Samuel estaba terminando su carrera con ellos en su oficio como profeta, y les estaba recordando que, como siervo de Dios, nunca abusó de nadie, nunca robó a nadie y nunca hizo nada indebido. El pueblo estuvo de acuerdo con él, ya que sabían que durante todo el tiempo que les sirvió se mantuvo íntegro ante ellos y ante Dios.
Su encargo en este capítulo para el pueblo de Israel era que no se desviaran del camino, que no se fueran tras dioses falsos, que caminaran en santidad, que procuraran la Paz y la fidelidad a Dios.
¡El profeta sabía de qué pata cojeaba el pueblo de Israel! Siempre inclinados a la idolatría, y eso les había traído desgracia, muerte y destrucción, porque continuamente irritaban a Dios.
Quizás hoy nosotros no adoramos ningún ídolo hecho por hombres; pero idolatría no es solo adorar una imagen. Podemos estar idolatrando personas cuando les seguimos y hacemos todo lo que ellos hacen o piden, aun desagradando a Dios. Esto lo he visto cuando alguien ya está inconforme y se va de la iglesia y un montón de gente lo sigue sin consultar a Dios. Algunas de las personas que se consideran amigas de este tipo de personas, cuando ya no están, también se van siguiéndolos, y su enfoque y compromiso no es con Dios, sino con el hombre. ¡Eso es idolatría!
Oración: Señor no quiero ser confrontada por ti, quiero ser fiel, quiero seguirte a ti, quiero como Samuel, terminar bien mi servicio a ti y no quiero ser idolatra de nada, ni de nadie. ¡No quiero encontrarme con ninguna falta o con un dedo amenazador por los demás! ¡No quiero apartarme de tu camino, no me permitas seguir el camino de otros! ¡Quiero mi bendición, y mi bendición solo se encuentra contigo! Amén